viernes, 25 de marzo de 2016

De "Dinámica del viento"

Carnaval

Llegó el televisor nuevo envuelto
en capas de plástico,
el televisor era el primero a color.
Le mostraste a la tía el envoltorio,
más que el televisor te gustaba
la textura blanda.
Febrero asoma con el carnaval
y vos estás en la edad de los disfraces,
fuiste Heidi, la mujer maravilla,
no había princesas.
La tía artista
cortó el envoltorio,
le dio forma de vestido,
lo cosió como tantas otras cosas
en la máquina de coser de la abuela,
cintas de colores, lentejuelas,
te vistió en el comedor,
pintó tu cara de seis años
y luego tomó las fotos.

No hizo falta esta vez ir
a calle Avenida Freyre,
donde los chicos
ensucian con espuma,
vos no querés que te mojen;
con ese vestido de bailarina
rusa jugás al carnaval en casa
de la tía, una matraca
es suficiente en el balcón
con balaustrada,
la calle que mira al oeste,
los adoquines,
viejas lucecitas del árbol
de Navidad acompañan;
el abuelo con su radio
no se queja, los vecinos
hacen el de ruido siempre.

                             J.G.

                                          

sábado, 19 de marzo de 2016

De "Dinámica del viento"

Retrato

La nena se sentó en la butaca alta
a esperar los primeros trazos.
No había nada que hacer,
salvo mirar seriamente
o esbozar una media sonrisa,
quieta como si fuera grande,
callada como los árboles.

Aburrida al rato,
observó los lápices de colores,
los contó uno a uno,
espió los estantes atiborrados
de latas con pinceles, acrílicos, papeles.
La dibujante entrecerraba los ojos,
no le convencía el retrato,
borroneaba a media la distancia
y la nena echaba
hacia atrás los hombros
con ánimo de que la artista dijera "basta
por hoy", pero calla.  Sabe que la mujer
se ha ido al tiempo de las carbonillas.

La nena cuenta lápices,
le intriga qué habrá en el papel,
qué tan parecida a ella será la otra
que no tendrá el calor de febrero en la frente,
ni contará lápices ni echará los hombros
para atrás derechita en la butaca
alta. Cuántos sábados llevó el retrato,
no recuerda. La otra quedó allí, al fin,
en sus cinco años. 

                                        J.G.



"A cada rato una y otra vez los escritores de hoy nos topamos con la envejecida pregunta de si el arte debe valer por sí o si debe asumir un compromiso O con aquello de si el arte debe ser realista o no comprometido Y la respuesta es imposible porque la cuestión está mal planteada y es maniquea.
 La tarea de un escritor no es la de cambiar la vida sino la de reflejarla, fijarla y resucitarla para que los demás la observen una y otra vez Para ser esta vez otros
  La literatura no puede cambiar el mundo o la vida. Sólo puede llegar a ser un destello, un fogonazo, un graffiti, un escrito en el muro. Esto es todo lo que puede hacer un hombre llamado escritor para que ciertos momentos de la vida no mueran del todo y para siempre. En eso residen sus límites pero también, quizá, su grandeza."
                                                 Héctor Tizón, "La narrativa del interior" en La escritura argentina, Sta.Fe, Ediciones de la Cortada, 1992.


Héctor Tizón
Foto: bn.org.ar

martes, 8 de marzo de 2016

"Mujeres" de Eduardo Galeano

Ventana sobre una mujer

Esa mujer es una casa secreta.
En sus rincones, guarda voces y esconde fantasmas.
En las noches de invierno, humea.
Quien en ella entra, dicen, nunca más sale.
Yo atravieso el hondo foso que la rodea. En esa casa seré habitado. En ella me espera el vino que me beberá. Muy suavemente golpeo la puerta, y espero.
                                                   Eduardo Galeano, Mujeres, Madrid, Alianza Cien, 1995.