miércoles, 30 de diciembre de 2015

A partir de "Dos casas ensimismadas" de Arnaldo Calveyra

La casa y las palabras 

I
La casa del pueblo era una mancha herrumbrosa
en el verdín del campo.
Íbamos a espiar la luz en las acacias
o en los charcos que la última lluvia había dejado.
La casa era una puerta semiabierta,
el entreabrir de dos ventanas,
la soledad de los árboles,
los pájaros.
Era también un espejo,
el tiempo detenido que es la luz de la siesta.

Nos bañábamos en esa luz,
en la soledad que llegaba puntualmente,
avanzábamos hacia ella y nos quedábamos
suspendidos entre las acacias
como queriendo llevarnos el campo
hacia adentro de nosotros.

La luz, caminadora de las horas del mediodía
nos mareaba con el aroma de los jazmines dulzones.
Sentíamos la luz en la frente
nos cortaba en dos la media hora,
nos enviciaba de sol y de sueño,
amenazaba con irse en una nube
si no nos acuclillábamos rindiéndole culto.


Después nos íbamos al arroyo
con la desesperación de los sedientos
a sacarnos esa luz, luz del patio de la casa del pueblo,
a sustraernos al tiempo de los juncos,
al verdor terroso del estero.


II
La noche era el momento de las palabras.
No podíamos articularlas naturalmente,
necesitábamos revivir el momento en que
la luz entraba al patio de la casa
y tocaba las acacias y los jazmines.
Necesitábamos que la soledad viniera a nuestro encuentro,
como la sombra llega a los árboles al atardecer
para que ellas, las palabras, avancen peregrinas
sobre nosotros.
Las rumiábamos hasta que las veíamos venir,
se aposentaban en la lengua, se nombraban tímidas,
tras el delta que era nuestra infancia,
y allí jugueteaban marcando la pausa
entre el cielo de la noche, la costa del río,
el declinar de la tarde.
                                              J.G.

Foto: J.G.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

(Intervención al poema “Caminaba el hombre” de Arnaldo Calveyra)

Hombre yendo al río 
   El hombre caminaba entre los yuyos. La tierra olía húmeda. Más allá la loma dibujaba la curva sinuosa de la barranca. El río aquietaba la tarde y los pájaros, que asomados en la puntas de las ramas de los sauces, parecían una premonición de dicha.
   El hombre caminaba entre los yuyos seguido por su estrella. Faltaba poco para llegar al río, para asomarse en él, en su silencio líquido y atenuante. La herida en el pie ardía. Lo mojó apenas llegó a la orilla. El agua calmó el ardor, limpió la sangre seca y sucia de tierra.
   El hombre entrecerró los ojos como queriendo beber la quietud de la tarde. A lo lejos se escuchó una calandria. ¿Era la voz del río ese quejido dulce? El hombre doblegó el cuerpo un poco más adentro en el agua. Y la estrella que olía a hondonada curva y verde reflejó en su espalda la lenta maniobra de su mano en el río. Cantó la calandria a lo lejos y el canto mojó la herida. El sol, calmo en la tarde, fue su creencia.
                                                                      J.G.


Foto: Emi Weber

martes, 15 de diciembre de 2015



“¿empezaste
a ser palabras
de tu río?
A.Calveyra

¿Le diste
tus palabras
al río?

¿Miraste la correntada
alguna vez,
las estelas terrosas
de las lanchas?

¿Es tu imagen
una orilla virgen?
¿Una distancia
inalcanzable?

¿Y si él dibujara
un camalote
en tu mano
y vos
un cielo cardumen?

Remansos
como lámparas
son sus brazos;
aliméntalo
de palabras.

Ellas dibujarán
caracoles
en tu cuerpo
y serás el oleaje.
El destino
no es el límite
sino el abismo.

                J.G.

Foto: Patricia Picco

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Arnaldo Calveyra

Palabras a un río

¿Ya le escribiste al río,

río incesante del más allá?

¿a sus campos que son almohadas

de pastizales azules?

¿nombrarlo ya sabrías?


un verso vuela, flecha lanzada,

no para seguir buscando
apagando agua

¿empezaste a nombrar los cielos

caminadores de las costas?

¿a contestar a su reclamo

en un anochecer de pajonales
-recubre esteros-,
pajonales de fin del mundo?

no lejos de la mano que escribe

huellas de pies descalzos
en la arena

una nube

que buscara
ablandar
su imagen
en el agua

tardes,

son conversaciones
con un río

en que la distancia juega

a que lo borra
-remansado
caracol
hallado entre espartillos-
de tus pasos llega
¿nombrarlo ya podrías?

ayeres convertidos

en hojas temblorosas

son ahora

esas imágenes

de los años llegan

por resucitar
en tu mente
en río

fotos dispersas

bajo una luz de lámpara

al sol azul

de la memoria

anocheceres

llegando a las barrancas

¿tu conversar de ríos?


¿empezaste

a ser palabras 
de tu río?

                 Arnaldo Calveyra (escritor entrerriano, 1929. Reside en París desde 1962)


Río Paraná

sábado, 5 de diciembre de 2015

De "Dinámica del viento"

Contraluz

El silencio es una llama
en la palma, una antorcha.

Enciende los olvidos
en la boca,
inefables.

Tuerce mi voluntad,
la encoje.

Es una rama en el árbol,
todavía naciente.

Y yo me dejo tocar.
                  
                            J.G.