domingo, 31 de enero de 2021

De las casualidades de la vida o lo que algunos poetas nos vienen a decir.

José Pedroni es el primer poeta que recuerdo. Antes fueron las canciones populares que mi abuela me enseñaba o las que cantábamos en el Jardín. Imposible no recordar a María Elena Walsh. Una la llevaba en la cabeza como si fuera un chip. Era cuestión de que alguien entonara "Estamos invitados/a tomar el té" y ahí empezábamos todos los que habíamos escuchado la frase a entonar a viva voz la canción entera y cuando se terminaba seguíamos con el Brujito de Gulubú o la Vaca estudiosa. Pasó que en Tercer Grado de la Primaria tuvimos que aprender una poesía para recitar (quizá me queda grande la palabra "recitar", creo que la maestra quería que ejercitemos la memoria). Yo no sabía ninguna, salvo el "Arroz con leche" o la "Farolera" que no son poesías. Mi madre o mi padre, no recuerdo quién, me acercó un libro de tapas color turquesa de la biblioteca. Se llamaba Gracia Plena. La idea era encontrar una poesía corta que me sirviera para la tarea. Tiempo después me enteré de que el poeta era santafesino, que mi padre había comprado el libro en la época en que yo iba a tener una hermanita y que el libro estaba dedicado al primer hijo del poeta, a la espera, a las nueve lunas. De allí elegí "La monedita" que empezaba así: La monedita del extraño sello/que cavando encontré,/la perdí anoche, en el sendero/busquéla y no la hallé.// Oh, no llores amor, /que siguiendo las huellas de tus pies/habré de encontrarla, como a tí te encuentro/donde quiera que estés.

  Pasaron los años y a los quince, estando en la Secundaria, obtuve mi primer premio en un concurso literario de la escuela. Mi padre me regaló Hacecillo de Elena, una antología (todavía no sabía qué era una antología) de José Pedroni de tapas color naranja con la foto de la esposa del poeta en la portada, una foto antigua, en color blanco y negro. Ahora sí leía toda la información de las tapas (sabía que era la misma editorial que Gracia Plena, la editorial Colmegna, que era si no la única editorial de Santa Fe, al menos la más conocida por aquel entonces. Yo seguía leyendo los de Gracia Plena, en especial me gustaba el poema “Mujer”: Mujer, nunca me olvido/que me amaste caído. será porque las adolescentes nos gustaban los poemas y las canciones de amor.

  En Cuarto año de la Facultad, estudiando Letras, tuvimos que hacer una primera práctica docente. Yo quería hacerla en la Escuela “Juan Mantovani” porque mi tía la artista era docente y todo lo relacionado con el arte me apasionaba; en especial, esa escuela que conocía de chica. La escuela es patrimonio histórico de la ciudad; conserva sus galerías de mosaicos color ladrillo, los techos altos, las galerías coloniales. A la arquitectura, se le sumaba el atractivo de las esculturas y cuadros en todas partes, el olor a acrílico y  a óleo, los estudiantes trabajando en sus caballetes. La profesora de Lengua tenía como material para los alumnos de Primer Año un cuadernillo armado por ella. Entre los tantos textos había varios de poesía. Ése era el tema que nos asignó para dar nuestra clase y el texto era La invasión gringa de José Pedroni: Hoy nadie llegaría./ Pero ellos llegaron./Sumaban mil doscientos./Cruzaron el Salado. Así empezaba y así volví al poeta y al libro de tapas de color anaranjado. Esta vez le presté atención al nombre del poemario: Monsieur Jaquin. Para acompañar la lectura y su posterior interpretación, buscamos  diapositivas en el Centro de Documentación que estaba en el Museo “Florentino Ameghino” (me ocupé yo que vivía cerca) y mi compañera propuso temas de Vangelis porque tenía varios casettes. Seguro que todo esto les suena al siglo pasado. Bueno, eran los noventa y no teníamos celulares ni los dispositivos tecnológicos de ahora.

  En el año 2000 María Assenza-mi maestra del taller literario al que había ido de adolescente y a quien todavía visitaba-me regaló un par de libros que había publicado el Gobierno de la Provincia con la obra de José Pedroni. Eran dos tomos: uno de poesía y otro con cartas y artículos. Años después, cuando volví a escribir, me concentré en el tomo de las cartas de Pedroni, en cómo creció, cómo la poesía era su tarea nocturna a la que le dedicaba el tiempo que le restaba al descanso. Desde niño tuvo que ayudar a su padre a levantar paredes. Era lo común en el campo, ayudar a los padres en el trabajo. Siendo adolescente la situación fue la misma pero él no se resignó a dejar el estudio. Cursó de noche en la Escuela de Comercio. Estudió para Contador y se recibió. Pero a la poesía no la abandonaba. Decía en una de sus cartas: “La poesía no necesita del conservatorio o de la academia. Se hace del aire, del dolor que nos rodea, del pájaro que vemos pasar, libre, mientras nosotros estamos encadenados.” Me gusta mucho esta frase, pensarnos como sujetos encandenados y ella va por la vida y nos libera en parte porque está hecha del dolor y de la vida a la vez.

  Pedroni apareció otras veces, sin buscarlo, como  en el consultorio de un doctor que en su escritorio tenía las obras completas y en algún que otro manual escolar. Que aparezca signifique un llamado a releerlo, a prestarle atención a la cadencia o a la sonoridad de sus versos que me recuerdan a la poesía española. La última vez fue hace unos días en Villa Dolores, provincia de Córdoba en un café frente a la plaza con Pablo Anadón. Él estaba pasando unos días en la casa paterna. No nos conocíamos personalmente. Yo lo seguía por Facebook; obviamente, yo sabía más de él que él de mí pero hacía un par de semanas lo llamé para hacer una entrevista para la radio y accedió. Le conté que tenía curiosidad por conocer Traslasierra y nos invitó a tomar un café o una cerveza si estábamos cerca. A pesar de mi inhibición (siempre me inhibo con la gente que admiro) tuve la intuición de que iba a ser tan ameno personalmente como lo era a través de sus posteos diarios. Hablamos más de dos horas y hubiésemos seguido pero había anochecido y teníamos que volver al pueblo donde parábamos. Yo llevé el libro que estaba leyendo, Filtraciones de Hugo Gola por si me preguntaba qué estaba leyendo. Él me regaló uno de sus libros, El trabajo de las horas, uno de la revista Fenix, que dirige, imperdible, y un ejemplar de su padre, el poeta Alejandro Nicotra, La tarea a cumplir. En la conversación, me contó que su familia materna es de Santa Fe y que los poetas que admiraba de nuestra provincia eran José Pedroni y Juan Manual Inchauspe. Nuevamente apareció don José con uno de sus poemarios, Monsieur Jaquin. Yo diría que no es casualidad y que si bien siempre estoy en un  estado permanente de descubrimiento de poetas y de escritores, Pedroni es uno de los poetas que vuelve a mi vida. Será para que lo relea si pienso en un porqué. Quizá vuelva también para recordar otras cosas, inolvidables y felices como la infancia, “la verdadera patria”, como diría Rilke. 

J.G.








 "La poesía lograda, el lenguaje realmente vivo, es más bien como un contagio, como la transmisión de un virus, cuando no como una experiencia que puede rozar la mística o el zen o la justa rebelión, el amor justo".

 "No usamos el lenguaje, somos lenguaje". Si todo pudiera decirse de una vez para siempre, ¿para qué seguir sintiendo la necesidad, la pulsión de seguir intentando el poema?".

                                                                     Rodolfo Alonso (poeta argentino. Frases.)

Luis Cruz Azaceta, Jewel




viernes, 22 de enero de 2021

No quiero perder 

la mirada desnuda 

la mirada implacable 

la mirada cambiante 

que dejas caer a veces 

sobre mí 

humillados 

bajo el peso húmedo de la violencia 

no morirán los ojos del amor 

sometidos 

no cesará la mirada inalterable 

grietas 

manos blancas 

los ojos que sostienen el mundo no deben detenerse.

                                            Rodolfo Alonso (1934-2021)




 "La poesía es una de las raras actividades humanas que, en el tiempo actual, intentan salvar cierta espiritualidad. La poesía no es una religión, pero no hay poeta, sea o no creyente, que no escriba para la salvación de su alma-comoquiera que dicha alma se llame: amor, libertad, dignidad, o belleza". 

                                           Sophía de Mello en "La poesía es el arte del ser".      



   


 


jueves, 21 de enero de 2021

viernes, 8 de enero de 2021

 

Y este azul opaco,

y lúcido

que no deja humedecer

el aire del verano.


Ya no importa si otros labios

te reemplazan.


Cuanto más abrazo

la noche se cierra

y yo callo.

              J.G.




lunes, 4 de enero de 2021

 

Todas las cosas

están calladas.

 

Miré a través de la ventana

y el óvalo lejos

de la iglesia

no reflejó

el sol de la tarde.

 

Será que las palabras

se han ido en otra parte

y el silencio es vacío.

 

Me atrapa el misterio

de no saber dónde

va lo que desaparece.

                         J.G.




sábado, 2 de enero de 2021

 
Foto: María Eugenia Zeballos

"Luz y más luz en el aire, apenas quieta hasta que el viento la corre. No estoy ahí en el lugar donde perdí la noche. La luz me consuela y me dejo llevar y cierro los ojos"
.


Entrega de los Cohen Art 2020 en la Estación Belgrano  el 29 de diciembre de 2020. Una distinción a los artistas santafesinos incluidos en el Catálogo permanente del Blog Cohen Art Santa Fe.