domingo, 23 de agosto de 2020

Fernando Pessoa

Fernando Pessoa: Columna de literatura (Prof.Jorgelina Garrote) del programa Un viaje con vo-z. Multimedios UNL, LT10 y la X. Sábados de 16 a 19hs. Conduce: Martín Duarte.

sábado, 22 de agosto de 2020

 La pelota

  Desde chica me atrajeron las hojas secas. Será porque crecí en un departamento interno y mi horizonte más lejano era el largo pasillo que terminaba en una puerta de rejas negras. La puerta siempre estaba cerrada y la vereda era una angosta sucesión de baldosas un poco rotas. De ahí, el caos de la calle. Mi mundo era salir a andar en bicicleta por el pasillo, jugar a la rayuela o al elástico con Verónica (a veces iba yo a su casa de al lado) y rogar que la pelota de se vaya por la medianera. Porque también jugábamos al vóley de a dos. Todo se inventaba en ese pasillo; hasta el espíritu del viejo de la bolsa que reencarnábamos en el borracho que dormía en la puerta de la iglesia exactamente frente a mi casa o pasillo casa, como me gustaba llamarla. El viejo dormía todo el día ahí y guardaba en la bolsa de arpillera (¡tenía una!) si no a niños secuestrados sus escasas pertenencias que consistían en botellas de vino semivacías. Nunca lo vi parado al viejo. Un día se fue y para mí fue el fin del miedo. O el miedo a la siesta y que me robe, como decía la abuela si no me dormía.

  Pasó que en esas tardes de otoño vino Verónica a jugar a la pelota. Yo estaba un poco enojada porque papá no me había ido a buscar a la escuela, como todas las tardes por un “imprevisto”-según mamá-en el trabajo. Había días de la semana que viajaba a Santa Rosa y se demoraba para llegar a la hora en que yo salía del colegio. Mamá me había ido a buscar pero no era lo mismo porque volvíamos a pie y ya estaba cansada para sumarle varias cuadras hasta llegar a mi casa pasillo. O sea que si le sumaba que había poca luz o que el atardecer en otoño se aparece en un abrir y cerrar de ojos, diría que casi nos pusimos a jugar con Verónica cuando había poca luz en el pasillo. Pero yo no le hice caso a mamá cuando nos dijo que entráramos. Seguía enojada porque papá me había quitado la posibilidad de jugar en el pasillo después de tomar la leche y de ahí no me iba a mover hasta jugar dos partidos completos.

  Verónica hizo el saque y yo respondí con un golpe de abajo que eran los que más me gustaba hacer. La pelota se elevó alto, demasiado y cruzó la medianera. Ahora sí estaba frita. Casi de noche y sin pelota y el pasillo oscuro al final que era como una invitación a perderse en el miedo. Yo sabía que la pelota se había ido al pasillo de Claudito, mi vecino, al que mamá me decía que tenía que tratarlo bien porque era distinto. Yo no sabía qué era lo que tenía Claudito como le decían todos. Una vez me invitó a su cumpleaños. Éramos todos chicos y él más grande en tamaño. Los papás eran más grandes que mis papás y sus hermanas también. A mí me daba vergüenza acercarme aunque parecía inofensivo. La vez que fui a su cumpleaños le di el regalo y no le dije nada. Estiré los brazos y él no lo tomó. Su mamá me sonrió y me dijo “gracias, pasá querida”. Y yo me fui a la mesa de los saladitos.

  La pelota estaba ahora en el patio de Claudito y yo tendría que pedirle a papá que la busque. O sea, me tendría que amigar con papá que pasó por el pasillo cuando llegó y yo ni lo saludé porque vino tarde. La oscuridad se llevó a la tarde y tuve que despedirme de Verónica y entrar a casa. En el umbral de la puerta encontré una hoja seca pegada al piso.

                                                                                                          Jorgelina Garrote



 

domingo, 9 de agosto de 2020

jueves, 6 de agosto de 2020

Dionisio. Eros creador y mística pagana de Hugo Mujica

Dionisio. Eros creador y mística pagana de Hugo Mujica: Columna de literatura del programa Un viaje con vo-z. LT10 Radio de la Universidad Nacional del Litoral. Sábados de 16 a 19 horas. Conduce: Martín Miguel Duarte.